martes, 2 de junio de 2020

LOS DOS ÚLTIMOS TIEMPOS


Riachuelo hacia el templo, dónde un día crecí príncipe y me convertí en rey. 

Lo suficientemente trabajados y humildes fueron mis aposentos, con arcoíris y lluvias que reflejaban en la misma piel que sana, recorrían los caminos trazados por la vida,  que llanos se divisaban y que abruptos podrían volverse con tres lustros y un poco más. 

Disléxia de sentimientos, tiempo anciano, y reflujo de vida por las cinco extremidades de historia ósea. 

Tras la montaña donde amanece la vida, es donde nos reuniremos para charlas largas y párpados pesados.


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