Riachuelo
hacia el templo, dónde un día crecí príncipe y me convertí en rey.
Lo
suficientemente trabajados y humildes fueron mis aposentos, con arcoíris y
lluvias que reflejaban en la misma piel que sana, recorrían los caminos
trazados por la vida, que llanos se divisaban y que abruptos podrían
volverse con tres lustros y un poco más.
Disléxia de
sentimientos, tiempo anciano, y reflujo de vida por las cinco extremidades de
historia ósea.
Tras la
montaña donde amanece la vida, es donde nos reuniremos para charlas largas y
párpados pesados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario