Hubo un tiempo en el cual, los enormes gigantes cedieron el paso a unas incesantes y cristalinas mariposas, que revoloteaban por cualquier lugar, sin importar el momento. También deseaban volar cuanto más tiempo mejor, era su objetivo a través del tiempo. Pero volvieron a presentarse los gigantes, tal vez para poder quebrar el revoloteo incesante en su ausencia.
Las mariposas siguieron creciendo, decelerando ese revoloteo incesante, propio de ellas, a la vez los gigantes se mostraban más inquietos, pero más mansos. En el transcurrir del tiempo, las mariposas siguen inquietas, intentando continuar con ese revoloteo libre y natural, los gigantes por el contrario siguen mermados, pero presentes a ese aleteo incesante, mirando de reojo, la esperada quietud de sus alas.